Todo empezó con una idea sencilla y mucha ilusión, casi nacida por la pasión de ese oficio: crear máquinas que no fallaran.
Máquinas que aguantaran jornadas enteras, turnos completos, miles de ciclos… sin pedir descanso.
En 1962, en un pequeño taller del barrio de Casablanca (Zaragoza), se fabricó la primera de ellas.
Era una troqueladora manual de sobremesa.
No tenía electrónica ni automatismos.
Pero tenía algo mucho más valioso: fiabilidad.
Los clientes volvieron.
Y volvieron porque, mientras otras máquinas paraban, la nuestra seguía.
Así nació una filosofía que, mas de 60 años después, continúa intacta: construir maquinaria industrial que trabaje durante décadas, no durante temporadas.
Entonces nadie hablaba todavía de economía circular. Sin saberlo, ya estábamos construyendo sostenibilidad: alargar la vida útil de las máquinas, optimizar su rendimiento y reducir el desperdicio de material.
Con el paso de los años crecimos, incorporamos nuevas tecnologías y ampliamos nuestra presencia internacional. Pero jamás perdimos nuestra esencia: fabricar máquinas para durar.
Hoy hemos llevado esa idea más lejos:
Evolucionamos, nos digitalizamos y perfeccionamos nuestros procesos, pero seguimos fieles a la misma convicción que nos vio nacer: una máquina que dura más y rinde mejor es la forma más verdadera de sostenibilidad industrial.
El taller se hizo grande.
Creció el equipo, se fabricaron nuevos modelos, llegaron nuevos materiales, nuevas tecnologías…
Y nuestra familia industrial pasó de fabricar para empresas nacionales, a exportar a talleres de cartonaje, de artes gráficas y multinacionales del sector de todo el mundo.
Y el equipo volvió a crecer incorporando a la segunda generacion, a profesionalizar las areas de negocio.
Pero algo no cambió nunca.
Cada máquina sigue empezando igual: con una conversación con el cliente. Un problema, una necesidad, un objetivo de producción. Y entonces diseñamos, ajustamos, reforzamos, calculamos, probamos. Cada eje. Cada milímetro. Cada pieza…… y sino, volvemos al punto de partida.
Porque no creemos en máquinas estándar. Creemos en máquinas que encajan en tu forma de trabajar, no al revés.
Hoy, desde nuestra planta en Zuera, seguimos construyendo todas y cada una de las máquinas Cauhé.
Las diseñamos, las fabricamos, las instalamos y las mantenemos. Y cuando vuelves 20 años después a pedir una actualización o una reparación… nos vemos, sonreímos y continuamos donde lo dejamos. Porque nuestras máquinas duran. Y nuestras relaciones también.
Seguimos avanzando, incorporando seguridad avanzada, automatización y tecnología. Pero sin olvidar jamás lo que nos trajo hasta aquí: la ingeniería mecánica bien hecha, la precisión honesta y el servicio cercano.
Somos Talleres Casablanca. Fabricamos maquinaria CAUHE que produce, protege y perdura. Y queremos seguir construyendo la próxima contigo.
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